Se casa en segundas nuncias con el uruguayo Fernando Capurro, pero la Historia sigue su curso. La Guerra Civil Española es una carnicería. Hitler se anexiona Austria y Checoslovaquia mientras Francia cierra los ojos. El 22 de febrero de 1939, Ana debuta al fin como bailarina. Es la Ópera de Lyon y sale a escena con un jersey negro, falda gitana vieja y castañuelas en mano, las castañuelas malagueñas de su infancia. La prensa de Lyon lo describe:

“Ana de Pombo recuerda a un Goya, pero también a La Argentina: las
mismas castañuelas, las mismas actitudes, el mismo frenesí en el crescendo
rítmico de los pies”.

En realidad es una danza de desahogo. Los “Rojos” han atrapado a sus hijos en Santander. Ana cuenta con mil ochocientos obreros de París y Londres de la Casa Paquin y escribe que ellos le ofrecen sus ahorros para rescatarlos. Finalmente sólo logra salvar a Cayo:

“Llegué tarde, y Alvarito había sido ya fusilado. Era un niño y un artista”, deja
escrito. “No veía más que sangre. Sentía ganas de venganza, ansias de morir.
Dejaba mi trabajo y subía a mi estudio a bailar, a mi estudio inmenso, solo, lóbrego,
triste, casi sin luz”.

Un mes después del debut en Lyon, el General Franco ocupa los edificios gubernamentales de Madrid. El desfile de la victoria se festeja en la capital de España el 1 de abril de 1939. El Círculo de Escritores y Artistas invita a la bailarina De Pombo a celebrarlo. Ella toma un avión urgente y el 4 de abril, el mismo Martes Santo de 1939, baila la danza de tambores del padre Otaño en el Teatro Español. Es la misma música con la que durante toda la contienda comenzaban los noticiarios del Frente Nacional. El éxito fue tal, escribe Ana, que la circulación quedó estrangulada. Quizá no alcanzó a ver los edificios derrumbados por las bombardeos. El nuevo régimen toma nota y en junio la reclaman para algo más grande. Son meses difíciles pero aún así, Ana pone por delante su amor a España y deja París por el escenario del María Guerrero de Madrid. Sale a escena con la Marcha Real, el público se pone en pie, incluido el General Franco y todos sus nuevos Ministros.

“Caso único y desconcertante el de
Ana de Pombo. La técnica personal y
personalísima de Anita Pombo se
nutre de lo directo y popular sin
dejar nunca de sugerir un raro y
transparente designio de serenidad
interior”, escribe el ABC.

juan mata

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